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Sala de espera

vamos por partesPuerto Vallarta, Jal.- No puedo abandonarme en el silencio, quedarme callado ante la sinrazón de la que es víctima la conciencia de México, por causa de una serie de actitudes contrarias a la razón.

El gran número de manifestaciones originadas por las injusticias e inconsistencias da pie para elevar la voz. México debe estar acorde a los tiempos, no inmóvil, ser innovador y actual; sobre bases firmes, sin bizarrías; fuerte, invencible ante los vientos del neoliberalismo, la globalización o internacionalización de capitales, muros y barreras arancelarias, ir contra viento, siempre de la mano del progreso.

Soñar no cuesta. Más aún cuando se hace con la emoción de cómo nos mienten los dueños del poder, no la llamada “mafia” de la que habla Manuel López Obrador; este término no lo comparto, es demasiado extremista. Realmente no me he podido explicar en qué lugar viven los funcionarios del Estado que hablan de un México desarrollado y sin problemas de empleo y pobreza.

La barbarie de palabras en su máxima expresión, sin explicación sensata y respaldada se realiza la autopsia de una sociedad en la inopia. Inseguridad en las calles producto de la necesidad o de sofisticadas formas de hacer daño a los ciudadanos de bien: robos, asaltos, desvalijamiento de autos, hurtos en despoblado; los policías incapaces de detener el caos, por su reducido número y falta de capacitación policiaca, nadie salva a la “democracia” soportada sobre los hombros de ciudadanos con más creencias que respuestas de las autoridades.

Tal como Émile Zola lo dijo a Félix Faurel presidente de la República Francesa (1898) mediante una carta en la que defendió al capitán Alfred Dreyfus acusado de alta traición a la patria, cuando el que traicionaba fue el jefe del Estado. Zola hace más de 125 años defendió a un militar ante la injusticia, ahora, en estos momentos es el pueblo de México el que tiene el deber de defenderse de la manipulación de aquellos que se sienten atacados en sus intereses.

No queda más que estar vigilantes, no entorpecer el camino; las voces de los funcionarios públicos ya suenan huecas desde hace mucho tiempo para los oídos de los ciudadanos con más necesidades, sean éstas de educación alimentaria, salud o simple acto de justicia; a corto y mediano plazos, líderes y empresarios, al unísono felicitan el camino de la dominación, salvo muy, pero muy contadas excepciones la mayoría clama por nuevas formas de control, habrá que esperar algunas medidas drásticas ante posibles inconformidades, la marcha apenas mide el terreno para pisar.

Así como Émile Zola acusó a la injusticia, me permito elevar mi comentario y hacer lo mismo, no se puede estar derrotado ante aquellos que han demostrado adolecer de la suficiente responsabilidad, demasiados rencores y avaricia concentrada en sus débiles cerebros; hasta me ha parecido que su visión derrotista los lleva a hurtar más sin importarles las apremiantes necesidades de nuestra gente.

La expresión “Yo Acuso” convulsionó al mundo sensato. En estos momentos nuestro país enfrenta riesgos de toda índole ante acusaciones infundadas; el espionaje que siempre ha existido; delincuencia multivariada, muerte prematura por desnutrición y otros padecimientos desconocidos como la epidemia coxsackie esta última implacable con menores de edad, se suman el trabajo infantil en campo y ciudad, deserción escolar y otras calamidades que se irán formando.

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