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¡Escuchen…beodos!

vamos por partesPuerto Vallarta, Jal.- El grito del cantinero resuena ¡escuchen beodos!cuando ellos no entienden razones o simplemente se aferran a continuar el consumo de alcohol en un mundo de tribulaciones como el de los enfermos.

Todos arrastramos una enfermedad, un lamentable padecimiento físico o espiritual, un sufrimiento; todos desde el recién nacido lleva uno a cuestas, poco a poco se desarrolla y concluye la contradicción vida-muerte. Antes de eso está la angustia que abre camino a comportamientos estúpidos como: me persigue la mala suerte, alguien me hizo un hechizo, me dañan a distancia y otras invenciones separadas de la realidad.

Las enfermedades llevan a la tristeza; los gobernantes cleptómanos viven en la zozobra permanente, un martirio que los lleva a mentirse a ellos mismos; contante persecución pasa por su enfermo cerebro hasta que la realidad los alcanza, para esos señores es la muerte en todos sentidos. Javier Duarte “Javidú” como le dicen otros no menos contagiados de mercadotecnia política, llegó al hangar de la PGR como estrella de cine.

Son padecimientos que provocan otros, no menos peligrosos. La ira originada por un ser desalmado, carente de ética que usufructuó con el dinero del erario veracruzano, como otros siete gobernadores en sus estados desfalcaron a los que les brindaron confianza, fueron más de 186 mil 535.7 millones de pesos, esta cifra está por encima de la que recortó la SHCP en 2017. No importa que siete sean del partido oficial y uno del PAN, el clamor es que retornen los dineros sustraídos, hato de sinvergüenzas.

Recientementese publicó en este diario con casi 40 años de historia y éxito en un esfuerzo profesional en el ámbito de la información y opinión pública ganado a pulso desde este puerto turístico; pues bien leí esa interesante columna de una investigadora de la energía universal, sin embargo,no concuerdo con todas sus aseveraciones, aunque las más de ellas ciertas en su ámbito, no en el mío.

Sus respaldos sólidos no totalmente convincentes, la meta es la misma, los caminos para llegar diferentes. No niego que el espíritu es la parte estructural de la actividad psíquica; sin embargo parece que los políticos panfleteros y pillos no respetan las reglas las cuales aceptaron mediante juramento, ellos no tienen capacidad de cumplir esa es la diferencia y radica en el espíritu no en estar o no enfermo; nacieron sin intelecto desgraciadamente para los que los soportamos.

No todos los “hombres del poder” están enfermos (afortunadamente), debo reconocer algunos aciertos trascendentales a lo largo de la historia de nuestro enjundioso México.

La enfermedad es un suplicio, cualquiera que esta sea. La adversidad no escoge a sus víctimas, solitas llegan a disfrutarla; diría que son las circunstancias conformadas por cada individuo el canal a la tristeza.

Son formas de existir; la mayoría de las personas enfermas del alma están convencidas de su pesadumbre, de sus limitaciones, de la incesante exigencia de su responsabilidad a la cual no pueden responder como se debiera y se abandonan en la negatividad porque nada, según ellos, les resulta satisfactorio. Están limitados para abrirse a escenarios sensatos y de compromiso e invaden áreas desconocidas solamente para disimular o alimentar su nefasto egoísmo.

Viven con miedo; están totalmente dañados tanto física como mentalmente. Sus espacios de pensamiento son reducidos, lo curioso es que los errores los repiten a diario y no se dan cuenta, son incapaces de una valoración objetiva. Por estas razones nuestro México está en la constante zozobra; no se recupera, aunque ningún presidente se levanta pensando “cómo joder a México”según Peña Nieto, en lo personal me parece que sí, los presidentes municipales, gobernadores y algunos funcionarios públicos lo hacen,no solamente lo piensan derivado de su enfermedad de poder. Se dejan llevar por sus ambiciones materialistas, los obnubilan, los empujanhacia la irresponsabilidad y superficialidad con sus impulsos emocionales; pobres políticos, políticos pobres e inconsistentes.

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