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Caos y desgracia

Puerto Vallarta, Jal.- Ha quedado claro; el Estado no tiene defensa alguna contra la corrupción ni tampoco contra las contingencias naturales.

Contra la naturaleza nadie puede, sobre las declaraciones del “trompismo”, ella responde, que lástima que no comprendamos el daño ocasionado al planeta.

En una entrevista con EFE la investigadora islandesa Vala Hjorleifsdottir, quien lleva siete años trabajando en el Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) aseveró que “El hecho de que haya habido por ejemplo menos daños que tras el terremoto de 1985 (de magnitud 8,1 en la escala Richter y que dejó miles de muertos y desaparecidos en Ciudad de México) se debe fundamentalmente a que el de la pasada noche (de 8,2) ocurrió a mucha más profundidad y más lejos”.

El dolor y la angustia en la Ciudad de México y zona conurbada es indescriptible en estos momentos; los terremotos no tienen forma de prevenirse bien se sabe, ahora la situación se torna difícil. Parece que la prevención a 32 años del gran terremoto se detuvo, las autoridades quedaron al margen en esa gran labor de orientación y solamente quedaron en el ambiente los llamados “simulacros”, el de hoy fue totalmente real y desafortunado para los ciudadanos de la capital del país.

Parecía haber cambiado la realidad del país aquel 19 de septiembre de 1985. Surgieron alternativas políticas activas y mucho más demandantes de un Estado Político más fuerte, sólido y ahora se denotó su debilidad, no así la de nuestras fuerzas armadas que nunca se han echado para atrás en casos de desastre, se modernizan y entrenan constantemente para mantenerse al día en casos de emergencia nacional.

Ese 1985 trajo demasiados cambios para la capital del país en todos los ámbitos, la gente exigió mejores condiciones de vida e infraestructura que si bien se levantó fue sobre casos de corrupción, ahora se sufre otro gran movimiento de tierra que lleva a la tragedia, al enfrentamiento de los ciudadanos con una realidad dolorosa ya conocida. Lo lamentable son las pérdidas humanas, la vida de esos niños que gustosos van a la escuela, las amas de casa o trabajadoras y todos los que a diario entregan lo mejor que tienen en sus empleos, muchos han dejado de existir y no es culpa del Estado, sino de aquellos que no vigilaron las normas de construcción y dieron seguimiento, como se realiza en otras naciones y las cuales son sumamente estrictas.

Espero que el sufrimiento de las víctimas termine pronto. Su fortaleza dependerá de su actitud al enfrentar este terrible acontecimiento; no puedo establecer una hipótesis en dirección a que este terrible episodio pase desapercibido. Lo que si deseo es que las normas de reconstrucción y construcción sean más estrictas y se vigilen con rigor, que haya confianza en las constructoras y dependencias públicas abocadas a esos menesteres; una de las ciudades más grandes del mundo con sus millones de habitantes, como lo es la CDMX lo merece y me refiero a la seguridad estructural.

Los acontecimientos acaecidos en la CDMX y estados circunvecinos es una lección más para alcanzar la certidumbre y no haya motivos para que las personas sufran, sean de la clase social que sea son seres humanos que no tienen por qué enfrentar estas tragedias, si se pudiera evitar la desorientación y todo aquello que signifique inseguridad con suficientes mecanismos preventivos.

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