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La huella de la felicidad

humberto famaníaPuerto Vallarta, Jal.- Quienes nos sentimos orgullosos de la familia que Dios nos ha otorgado, deseamos expresar siempre el amor y la paz, por eso es importante adherirse a ella de un modo espontaneo, disfrutarla y celebrarla cuando se tiene y también expresar el dolor y sufrimiento cuando nos vemos privados de ella. Por eso es necesario fomentar el sentido de pertenencia a nuestra Patria y el reconocimiento de que en nuestras diferencias se encuentra nuestra riqueza. Con nuestra Nación se identifican las familias y amigos; nuestros valores y cultura, recursos y la riqueza de nuestro entorno. Somos un solo pueblo, plural, diverso pero solo un pueblo.

Reconfirmo lo anteriormente al afirmar que el pueblo mexicano es generoso por naturaleza, así lo ha demostrado siempre en las grandes catástrofes naturales que ha sufrido nuestro país. Ya lo estamos viviendo en este mes de septiembre con los terremotos acontecidos en varios estados y en la capital de México. Es de sentirnos orgullosos porque somos un gran ejército del pueblo que tiene grandes sentimientos y una solidaridad con sus semejantes. Que estas acciones dejen una profunda huella para que en la vida cotidiana seamos más unidos también en la productividad que tanto anhelamos para tener bienestar total en nuestras familias.

En varias regiones de la república mexicana, vemos que existen graves problemas de inseguridad, impunidad y corrupción. Lo que suscita horizontes de paz debe expresarse en gestos de paz, cuando estos están ausentes, las convicciones naturalmente que se van gestando en el corazón humano se evaporan y cualquier esfuerzo que hagamos a favor de la paz se vuelve inconsciente. Si nos proponemos en buscar la paz se arrastrara, ya que enseña a los que buscan el tesoro de la paz que este se descubre y se ofrece a quienes realizan modestamente, día tras día, todas las acciones de paz de que son capaces.

Nos queda muy claro sin lugar a dudas que la crítica irracional de los demás, la agresividad verbal en la manifestación de las inconformidades y la reivindicación de derechos no son el camino que lleva a la justicia. Por eso es importa el promover el dialogo como camino real para la superación de todas las confrontaciones. El dialogo se presenta siempre como instrumento insustituible para toda confrontación constructiva tanto en las relaciones internas de los Estados como en las internacionales. La actitud dialogante no es innata, pues se adquiere por la educación. Hemos de aprender a pasar de la violencia al grito y del grito a la palabra. Por eso el aprendizaje deberá de ser desde la edad temprana, reafirmo que la familia y la escuela son dos espacios privilegiados para aprender a solventar los conflictos por vía pacífica y dialogal.

La crisis social se manifiesta principalmente por la delincuencia, la cual siempre ha existido en todas las comunidades pero ahora ha crecido de una manera exponencial. En los actuales tiempos se nota que ha crecido, porque por lógica también somos más y porque se ha aumentado la gravedad de los delitos, pero lo que también es cierto, es que los medios de comunicación ponen mucho en énfasis  a lo negativo y publican muy poco de lo bueno que sucede. Para esto debemos de tomar en cuenta todas las precauciones necesarias con nuestras personas y pertenencias, pero no hay que vivir angustiados y temerosos por las malas noticias que vemos y oímos en los medios.

Siempre debemos de asumir una actitud positiva, mejorar nuestro ánimo ya que esto nos ayuda a trasmitir alegría primero a nuestras familias, amigos y comunidad donde nos desarrollamos. Cuidar el orden y la limpieza de nuestra casa nos da serenidad, es aquí donde debemos de iniciar con el ejemplo. También nos influye el exterior de nuestra calle; se ganaría mucho en tranquilidad si entre los vecinos se ponen de acuerdo para embellecer las colindancias, sembrando plantas, pintando fachadas, dando iluminación. Siempre lo exterior ayuda a mejorar lo interior de cada uno.

Debemos de analizar a conciencia por las conductas actuales, que nos encontramos ante una crisis social es indudablemente la crisis de valores. Las familias y las escuelas no han trasmitido todavía eficazmente valores morales. Como ejemplo podemos decir que los delincuentes nos horrorizan con sus crímenes, todos ellos tuvieron una madre y fueron a la escuela, pero tal vez no aprendieron, o no les enseñaron esos valores, o tuvieron malos ejemplos; perdieron la fe o nunca la tuvieron, por eso se aprenden primero en la familia y luego en la escuela. De aquí la gran responsabilidad que adquirimos cuando nos unimos en matrimonio y los frutos de esta sagrada vinculación los hijos, siempre serán nuestra responsabilidad en todos los aspectos de la vida.

Siempre me he puesto a pensar que seriamos mucho más felices si evitamos la crítica destructiva, la murmuración, el rechazo hacia otras personas, cualquier tipo de violencia y cualquier acción que lleve a debilitar a los delicados lazos de la red social. Fomentar con emoción; el respeto a los demás, tolerancia, cordialidad, solidaridad y la honradez, deberían promocionarse con mayor firmeza y creatividad en las escuelas. Es necesario también  que los medios de comunicación eviten cualquier tipo de mensaje que atente contra la dignidad humana en cualquiera de sus formas. Exhortamos a los medios a no adquirir los productos de contenidos inadecuados ya que nos es bueno para el sano desarrollo de la población en general.

-.Quien tiene el corazón vacío, no percibe más que imágenes planas, sin relieve. En cambio cuanto más habite Dios en nosotros, tanto más sensibles seremos también para adquirir felicidad.-

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