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Féminas

plumazosPuerto Vallarta, Jal.- Simone de Beauvoir, siempre presente, grandiosa por sus conceptos, me parece una de las pocas mujeres, demasiado más inteligente y visionaria sin el menor temor a equivocarme.

El proceso de vida actual, devastador y deshumanizante me preocupa, me debilita demasiado, me encuentra en el desarraigo total en ocasiones; mis fuerzas se recuperan cuando leo a escritoras como la maestra del feminismo Simone de Beauvoir.

El desconsuelo desaparece, mejor dicho me ubica frente a la vida presurosa y actual. La desaparición de la confianza, el momento crítico regresa con la información de las catástrofes nacidas de pensamientos perversos. Nuevamente aparece lo gris, la experiencia de estar en medio de momentos irracionales, regreso al comienzo sin haberme detenido ese hijo de la ignominia humana.

Diario llego cansada a la cama, es un agotamiento emocional, es estar enterada de las contradicciones de mi entorno diario; no el laboral, ese me oxigena y saca por momentos al compartir situaciones con personas prospectivas e inteligentes, universitarios jóvenes y maduros, todos en ese sentido. Encuentro a la escritora que rompió la sucesión tradicional de existir, el carácter fragmentario encargado de dar cuenta de una realidad concreta sin conversiones, sin medidas, con su carga de intimidad potencial, encuentra el secreto de existir con perspectiva, no hay debilidad en esa mujer que describe la maestra Simone de Beauvoir.

El hueco existencial del ser humano-animal sale de la falsa mística en la que fue considerado por su aparente inteligencia, la mujer lo reconstruye con una materialidad muy singular, con una sensibilidad privilegiada, demuestra no ser el llamado sexo débil, por el contrario. «Todo cuanto sobre las mujeres han escrito los hombres debe tenerse por sospechoso, puesto que son juez y parte a la vez», dijo en el siglo XVII Poulain de la Barre, feminista poco conocido. Por doquier, en todo tiempo, el varón ha ostentado la satisfacción que le producía sentirse rey de la Creación. «Bendito sea Dios nuestro Señor y Señor de todos los mundos, por no haberme hecho mujer», dicen los judíos en sus oraciones matinales; mientras sus esposas murmuran con resignación: «Bendito sea el Señor, que me ha creado según su voluntad.»

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