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Laberinto mediático

plumazosPuerto Vallarta, Jal.- Llegó a su fin la era Azcárraga, la noticia circuló en medios de comunicación de todo el mundo, el heredero de Grupo Televisa cedió el mando a dos de sus asesores cercanos.

Durante décadas los productos televisivos de esta compañía mexicana de medios de comunicación invadieron las pantallas chicas en diversos países; se recuerda a esta casa farandulera como “trampolín” de cientos de cantantes y actores como Chayanne, Ricky Martin, Salma Hayek, Gael García, Diego Luna, Ana de la Reguera y muchos más que figuraron en los famosos melodramas.

Por sus foros deslumbrantes -ahora anticuados- desfilaron personajes del cine, se recibía a invitados de lujo únicamente en horarios estelares de programas conducidos por presentadores de la talla de Raúl Velasco y Ricardo Rocha. Le época de oro fue en ambos sentidos y tamaños de la caja tecnológica mediática.

Aunque los nacidos después de 1995 recuerdan poco o casi nada de la meca en San Ángel Inn, ahí se conformó una constelación de “estrellas” humanas que alcanzaron fama en Latinoamérica, donde se ha rendido homenaje a figuras del espectáculo como a Roberto Gómez Bolaños con sus múltiples cómicos personajes.

El mismo efecto en España, no es parte de mi imaginario, lo constaté durante mi estancia en el país ibérico, muchos de mis compañeros de doblaje e interpretación ante la cámara mencionaban frases inolvidables de El Chavo del 8, El Chapulín Colorado, Chespirito, Kiko, la Chilindrina y tantos más protagonistas de la farsa en la pantalla chica.

Si las risas no faltaron, el llanto inconsolable y diálogos exagerados dieron a conocer la cultura mexicana -más de la capital- en varias partes del mundo. De cierta forma esas telenovelas representaron una sociedad mexicana uniforme, sin variedad en sus tradiciones ni lenguaje, por ello los extranjeros tienen una falsa percepción del acento mexicano, creen que todos hablamos como los capitalinos.

En América Latina fue bien recibido el talento azteca; con el melodrama las amas de casa sufrían junto con la protagonista y antagonistas inmersos en una ridícula historia; aún continúan transmitiendo “refritos” de éxitos pasados. Sin olvidar los programas de concurso como en Familia con Chabelo y Llévatelo que permanecieron en la barra de programación por su gran aceptación de las familias.

Nos guste o no México fortaleció su imagen a través de los productos que vendía Televisa a compañías de medios de comunicación extranjeras; ese intercambio se ha dado por varios años, no es una fórmula nueva pues forma parte de un circuito creativo y de comercialización.

Hoy las nuevas generaciones rechazan la oferta de Televisa, de formato caduco y contenidos baratos, ello generó en la cúpula de San Ángel Inn incertidumbre ante la migración de audiencia a otras opciones mediáticas disponibles en internet u otras compañías de medios de comunicación.

Todo responde a una evolución necesaria de los medios de comunicación, éstos no pueden permanecer inmóviles frente a un despertar colectivo del cual no necesariamente surge la necesidad de exigir contenidos que generen opinión, controversia y permitan un análisis intrapersonal. Se puede decir que los roles cambiaron, el público se convirtió en emisor al enviar un mensaje a Televisa de rotunda negación por continuar recibiendo en su pantalla programas que no le satisfacen.

Esa desventaja competitiva permitió la entrada de nuevas empresas como Netflix y Claro Video penetrando en todos los dispositivos móviles y aparatos tecnológicos de millones de consumidores. Esos cambios en Televisa pueden fortalecer a su competencia, pero lejos de la discusión de egos comerciales, se mantienen las personas cautivas del ventanal tecnológico a través del cual se transmiten programas de trama ficticia, en su mayoría propuestas que solo cumplen el objetivo de divertir y crear falsas expectativas de vida. Es complejo reconocer y escapar del poder de seducción de los programas de entretenimiento, el reto sin duda es personal.

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