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Revolución; ¿cuál?

vamos por partesPuerto Vallarta, Jal.- Se recordará que para el filósofo Platón (Aristocles Podros, su nombre verdadero) el acto democrático es escuchar a la sociedad civil y atender sus demandas en la construcción del gobierno, atender las opiniones de las organizaciones, de los más débiles; todos con los mismos derechos: expresión plural. 

Para los que todavía creen en la democracia en México, les diré: han vivido engañados con “el canto de la sirena”, además, prueban con ello su desconocimiento de su historia.

Va junto con pegado, como se dice en el lenguaje popular. El Sistema Político Mexicano no quiere suicidarse, aunque sus acciones al divorciarse de la sociedad eso prueban. El elástico para enaltecer hazañas inexistentes. Creación de millones de empleos, fortaleza económica mundial, ejemplo de honestidad y tantos otros mensajes dignos de un surrealismo trasnochado.

Me resulta sombroso observar como celebran un acontecimiento el cual debió terminar con las injusticias, la pobreza y cimentar una verdadera democracia, donde las mayorías no estén fuera del proyecto nacional y de un mejor nivel de vida. Son millones de mexicanos en la penuria que se pensó en eliminar con el movimiento armado de 1910. 

Los que murieron en esa gesta heroica pelearon con pasión con el fin de lograr lo mejor para sus hijos, los cambios esperados no llegaron como se deseó, la sinrazón de los gobernantes conformaron, a través del tiempo, un grupo más cerrado para ejercer el poder en su beneficio olvidando a los ciudadanos.

Ndie puede negar los cambios derivados de la Revolución Mexicana, todos quedaron consignados en la literatura de mentes brillantes como la de los maestros Martín Luis Guzmán y su obra  “La Sombra del Caudillo” o “Los de Abajo” de Mariano Azuela; “Gringo Viejo” de Carlos Fuentes; o esa deliciosa descripción revolucionaria legada por Jorge Ibargüengoitia “Los Relámpagos de Agosto” y tantas obras que retrataron momentos aciagos, más no crearon conciencia colectiva en una nación como México donde la lectura es para los intelectuales o para los grupos en el poder.

No me refiero al licenciado Peña Nieto quien confundió y confunde nombres de literatos o de mandatarios o países, eso no le importa a nadie, causa hilaridad solamente.

Removiendo el mensaje de José Mancisidor  “Novela de la Revolución”, se puede concluir con el autor “¿Quién pudo quedarse niño después de lo que hemos pasado? Nuestros rostros han endurecido. Algunos surcos los cruzan profundamente. Las miradas se han vuelto reservadas y las palabras roncas y cortantes”. En verdad “El mundo está lleno de hombres y de sombras. Ahora soy sólo una sombra de mí mismo”, asienta el historiador-novelista Mancisidor.

México copia modelos, educativos, políticos, económicos sin importar las repercusiones culturales, a finales del siglo XIX se vio a Francia como la nación europea capaz de sacudirse el yugo de la tiranía con su movimiento armado, entonces los intelectuales mexicanos enaltecieron e imitaron, aunque pronto se le dieron los políticos un tratamiento muy nacionalista, sin la menor intención de transformar la realidad basada en su mayoría en injusticias, vacíos culturales, económicos y políticos donde la voluntad ciudadana regularmente queda a la orilla.

En la celebración de nuestra Revolución Mexicana me parece indispensable mantener la conciencia del divorcio existente entre el gobierno y los ciudadanos; no se puede aplicar un proyecto de nación por encima del malestar social; no creo que el Sistema Mexicano emanado del movimiento armado no se percate de esto y avizore la necesidad de transformar los momentos de incertidumbre y manipulación en los que está actualmente México.

El mejor camino para retomar la confianza de los ciudadanos está en voltear a la sociedad, fuera de quimeras; basta de juegos artificiales, puentes y echar las campanas al vuelo; las celebraciones se realizan una vez que se ha logrado el objetivo, cuando existen las condiciones para celebrar los triunfos esperados lo contrario es simple demagogia.

El mito de la Revolución Mexicana, como he descrito debe convertirse en realidad, salir de la ficción con honestidad, eso corresponde al Estado, escuchar a la sociedad en sus justas demandas sin inventarle mundos inexistentes; entonces si se rendirá honor al esfuerzo y entrega de los revolucionarios de 1910.

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