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Con la razón se logra todo

Puerto Vallarta, Jal.- Ante acontecimientos ocurridos como en el estado hermano de Guerrero en donde se lucha con tesón por encontrar a 43 estudiantes normalistas secuestrados, no sabemos si torturados y con vida. Pedimos a Dios y a la justicia porque se aclaren estos actos vandálicos donde la política mal llevada hizo mella en el corazón de los mexicanos al revertir el carácter de servidores de seguridad pública, custodios de nuestras vidas, siendo los principales actores de esta atrocidad, bajo mentes perversas. Es vergonzoso ante este nuevo milenio que sigan ocurriendo este tipo de atrocidades que nos hace más vulnerables. Quienes luchen por la candidatura presidencial deben de plantear a los ciudadanos un proyecto bien definido y sustentado, contra la inseguridad, corrupción e impunidad.

La amnesia política, es muy frecuente en esta actividad; cuando se ejerce con honestidad e inteligencia, resulta ser la más noble, debemos de tomar muy en cuenta que los principales problemas de los últimos años no han surgido de la casualidad sino de la irresponsabilidad antipatriótica de algunos malos políticos que confunden el objetivo principal de todo un mexicano; amor y lealtad a su Patria. Esperamos que las próximas votaciones que se lleven a cabo a nivel federal, estatal y municipal se tome muy en cuenta a la persona que desee participar respecto a una evaluación a conciencia de lo que ha hecho en su vida pública y privada, desde luego su actuación en su familia y a la comunidad como personas honestas y espíritu de colaboración.

Las luchas por el poder se han confundido infinidad de veces, el hecho de los problemas que hemos vivido, se les busca dar soluciones políticas, siendo problemas judiciales, y soluciones judiciales siendo problemas políticos, de tal manera que la situación se vuelve más tensa y está sucediendo en los tres niveles de gobierno, ahora por desgracia por los problemas sucedidos en algunas entidades de la republica ya se combinaron estos dos aspectos. Se debe de validar el servicio público para ganar respeto y credibilidad ante la

ciudadanía, mostrando madurez en las acciones evitando rencores y odios que no conducen a nada positivo.

Vemos ahora con atención acontecimientos generados por la inseguridad que ya han sido rebasados y el caudal de solidaridad se ha visto enriquecido por el pueblo que por medio de asociaciones no gubernamentales buscan detener la violencia generada. Es importante que las organizaciones sociales y el gobierno sostengan y trasladen del sentimiento al mundo de los hechos concretos en donde la justicia sea la bandera que se enarbole en bien de nuestro País. La reacción popular,  no se hizo esperar, se necesitan buscar soluciones que no caigan en el desánimo para lograr una nación en paz y armonía que nos permita avanzar hacia una prosperidad más justa.

Ya es tiempo de fortalecer a los estados y municipios con actividades concernientes a mantenerlos con recursos frescos cuyas dependencias se dediquen a la investigación para prevenir incidentes que vengan a desestabilizar las acciones de gobierno. La obtención  y aplicación de estos recursos deberán de conciliarse a fin de no agudizar los desequilibrios que han venido deteriorando el bienestar popular y el desarrollo del país. Hoy en día tenemos la oportunidad de cambiar y desechar también lo que causa problemas, sabedores que el elemento humano ha sido el causante de muchas desgracias. Reconociendo que los medios de comunicación social, han hecho uso de su libertad de informar sobre los sucesos con veracidad.

Haciendo una reflexión sobre los dilemas del poder en México, por las características de su sistema político y por viejos usos históricos, es el reconocer o no que se ha cometido un error, y el enmendarlo o no en consecuencia. Hay quienes movidos por la idea del poder auto contenido, sostienen que el hombre en el poder no se equivoca, o más modestamente si se equivoca no debe admitirlo porque ello merma al poder. En las democracias el liderazgo atañe más a la legitimidad que a la legalidad. Si esta tiene que ver con la forma y los procedimientos, aquella es sustancia y se nutre más de la voluntad ciudadana.

El liderazgo puede fincarse transitoriamente en las leyes y sostenerse en las burocracias, pero el verdadero liderazgo para que no se erosione, requiere del sustento popular. Uno depende de los otros y el otro depende de uno. Lo deseable hoy en día el liderazgo debe de transitar de las ideas y la acción y en la legitimidad. La verdad en política es un instrumento de precisión de alto impacto, ya que su utilización  poco diestra fuera de no dar impulso a la democracia, puede deteriorar más a la economía y por ende agravar a la sociedad por la falta de oficio político. Queda bien claro que quien asume el poder también asume sus incomodidades y quien lo hace debe de estar dotado de una fina perspicacia que le permita distinguir entre el que critica sin razón y el que lo hace con tino.

Pues bien distinguidos lectores es de reconocer que en la actualidad vivimos preocupados porque tenemos que hacer frente a diferentes  responsabilidades y hacernos cargo de problemas cotidianos que nos hacen sentir que si el mundo está lleno de tristezas, desolación y falta de esperanza, nos sentimos solos y agobiados creyendo que no podemos seguir adelante. Es tiempo de agarrar al toro por los cuernos, primeramente hacernos el propósito todos, de educarnos o de formamos en la espiritualidad, porque no podemos dejar que esta energía se mueva sin dirección. Debemos de dar gran importancia a los valores humanos, fomentarlos en cada momento ya que estos ayudan a las virtudes.

La procuración y la impartición de justicia no solo han reflejado la fragilidad del Estado de Derecho, sino han acentuado las más perniciosas manifestaciones de la debilidad de las leyes frente a los poderes reales: privilegios, corrupción, impunidad y en última instancia, marginación y exclusión sociales. La mayoría  de la gente no cree en la utilidad de las leyes ni confía en la justicia.

-.Es primordial saber qué medidas proponen las autoridades para garantizar el acceso a todas las personas a la justicia, independientemente de su condición social y económica.-

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