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Lenguas largas

vamos por partesPuerto Vallarta, Jal.- La guerra de calumnias, deslealtades, amenazas y golpeteos tocan a la puerta que se abrirá a partir del 14 de diciembre.

Precampañas, intermedias y campañas en firme con 59 millones de mensajes radiofónicos y televisivos (spots) dio a conocer el INE. Serán gastos millonarios que pagan los ciudadanos; esto se agradece a la reforma del 2007; debe quedar claro, los mensajes no son para los partidos políticos sino de sus dirigentes, sin que los militantes participen.

Lo que llama mi atención es la ligereza irresponsable para manipular a la opinión pública; las sartas de mentiras para dañar a las pocas instituciones que trabajan por el bien social y las cuales se han desmarcado de la corrupción, todo financiado por los contribuyentes. Los llamados ofensivos e indignantes invadirán la radio y televisión nacionales del 14 de diciembre hasta el día de las elecciones, o sea casi ocho meses de lluvia sucia.

Habrá de todo, irresponsabilidades, manipulación de conciencias a través de las redes, mentiras y rebotes financieros en el manejo de campañas. En pocas palabras excesos de todo tipo los cuales no dejarán de ser indignantes y corruptos. Los dirigentes partidistas son los que se despacharán con la cuchara grande.

Lo que preocupa a los ciudadanos es que los reglamentos y leyes emanados de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos quedarán sin observarse en esta contienda, las experiencias pasadas son la prueba. Los millones de mensajes sepultarán la razón y buenas intenciones de ciudadanos honestos preocupados por el futuro nacional.

Se piden propuestas finas, confiables y precisas a los contendientes por la Presidencia de México; ahora como nunca antes es fundamental que se tenga una visión clara del futuro nacional, lo deseable para el desarrollo de este país tan golpeado por la corrupción desfalcadora del PIB; los representantes de malvavisco en ámbitos públicos y privados; simuladores acurrucados en instituciones respetables a las que han devastado consciente o inconscientemente, pero lo han hecho.

He señalado la imperiosa necesidad de crear con la suficiente creatividad un mejor futuro para las familias, abatir carencias y conformar proyectos viables. Sobra recordar a los millones de mexicanos en la penuria insultante, la desnutrición infantil, la falta de empleos bien remunerados (salarios de hambre), la aplicación de una política que no lo es en beneficio de las mayorías sino de un “grupo de vivales”; esa es la realidad que se debe modificar o habrá más tristeza social y desesperanza.

Es este sentido el llamado a darle congruencia a la legislación electoral; los encargados de aplicarla tienen el deber de ser irrestrictos, cumplir con su responsabilidad fuera de miedos, no tienen por qué olvidar que el recurso para las emisiones en los medios masivos de información se paga con dinero público y por tal la observancia tiene que ser estricta. La experiencia de otras contiendas donde se hicieron demasiadas trampas no sirve de ejemplo para limpiar este proceso naciente, entonces nada valdrá la pena.

Las propuestas de los aspirantes a cualquier cargo de elección popular tienen que respetar en primera instancia la verdad de sus contendientes, sus opiniones sin descalificarlas antes de ser emitidas, no poner en duda la buena voluntad y, sobre todo, argumentar con objetividad sin dibujar un país que no existe como lo describen los falsos triunfalistas. Baste recorrer las calles de cualquier parte de México para descubrir cómo se vive con el miedo a ser víctima de la delincuencia o de algún funcionario público abusivo a partir del poder que ostentan.

Frenar esas incongruencias, sepultarlas para siempre para que no vuelvan a dañar a los mexicanos de buena voluntad. Venga la guerra de obviedades, aún sin estar de acuerdo los mexicanos toleraremos ocho meses de pastelazos.

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