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Navidad tiempo de reflexión

bibliaPuerto Vallarta, Jal.- Contemplar  con asombro como si escucháramos por primera vez, que la promesa hecha al hombre por parte de Dios de enviar al Salvador  se cumplió en Belén  y que la Navidad conmemora el mayor acontecimiento de todos los tiempos: Que Dios se hizo hombre para salvarnos y que nació una noche como en este tiempo que estamos pasando. Reflexionemos como María y José que aun sabiendo que ella era la madre del Mesías  y el su custodio en la niñez y juventud, siempre mostraron su humildad, su fortaleza a prueba por proteger al divino niño.

En estos bellos días es preciso abrir nuestro corazón a Cristo, así sentiremos en nuestra alma una enorme paz, de este momento tan esperado, preparémonos  y empecemos por dar amor, felicidad, paz, esperanza, prosperidad, fuerza, fe, éxito, amistad, apoyo, ternura etc. Guiar al encuentro con Cristo anunciando su mensaje de salvación  con lenguajes y modos comprensibles a nuestro tiempo, caracterizado por procesos sociales y culturales en rápida transformación, es el gran desafío de la nueva evangelización.

Estamos listos para celebrar un año más con nuestra familia este bello acontecimiento; no sufran, ni lloren, todos nuestros seres queridos que ya pasaron a la eternidad, vendrán también a celebrar, estarán a la derecha de Jesús nuestro padre celestial, viviendo la grandeza de la vida eterna, compartiendo la fiesta más bonita de noche buena, buscando todos juntos la hermandad universal. Que el evangelio sea luz que lleve esperanza a las situaciones  problemáticas, de dificultad, oscuridad, que los seres humanos encontramos a menudo en el camino de la vida.

Hagamos que estas fechas tan llenas de amor, hablemos de la navidad para que no la vivamos perdida entre brindis, luces y papeles multicolores; sino que festejemos el nacimiento del niño Jesús, compartiendo lo que tenemos con los más necesitados, brindando alegría a una familia pobre, proporcionando medicinas a enfermos necesitados, programando alguna visita con alguien a quien teníamos olvidado. Todo esto trasmitiendo la alegría y la paz de la navidad en el abrazo fraterno a tus amigos y perdonando para cerrar heridas que laceran nuestro corazón.

Hemos de reconocer que el ser humano siempre se ha caracterizado, por lograr en su propio egoísmo  la ley de la ventaja, claro la justicia divina no se hace esperar, aun no logramos comprender que somos mortales y de comprender que las leyes de la naturaleza son las leyes de Dios. A veces creemos que podemos retar a nuestro Creador, porque destruimos lo creado por él y ahora resulta que empieza a manifestar su ira al verse invadido por la maldad, causa de los desequilibrios naturales y de la destrucción  entre los propios humanos.

La Navidad es alegría, es armonía, es la paz; porque entonces no comprendemos que todos tenemos un principio y un fin, no somos eternos. La verdad cuanto diéramos por vivir en plenitud, los que nos sucede es que nos apoderan las cosas vanas, cuando es tiempo de reflexión , de prepararnos para saber que es importante corregir el rumbo cuando nos mostramos intolerantes ante la convivencia que tanto hace falta sin importar posición social, la verdad es que todos necesitamos de todos. Nuevos tiempos avizoran tempestades, por la nula acción al respeto a la naturaleza y justicia ante los hombres y mujeres, es tiempo de equilibrios, es sin lugar a dudas la última llamada.

Los equilibrios son necesarios, para su propia convivencia, para que juntos todos y unidos, logremos pueblos donde perdure la acción  constante en el trabajo productivo con distribución equitativa, para lograr bienestar creciente, este es el camino para evitar rivalidades que solo llevan a la destrucción. Por eso es menester vivir profundamente esta navidad, fiesta que nos recuerda el nacimiento del niño Jesús, lo encontramos en la Biblia en el relato de San Lucas 2,1-21 y de esa manera tendrá más sentido la cena, los cantos, los regalos y la alegría de Nochebuena.

Una de las causas por las cuales la vida pública y privada en nuestra Patria, prevalece un comportamiento indebido y a veces hasta criminal, es por la falta de educación en la moral, empezando en nuestras propias familias y escuelas. Estamos aún a tiempo de tener nuevas generaciones de mexicanos con sentido de honradez, justicia y bondad que se desprende de la moral natural y sobre todo que nos da la esencia, por lo tanto el núcleo del evangelio de Cristo.

Antes los actuales acontecimientos que ocurren en el mundo pero sobre todo en nuestro querido México, recuerdo con emoción un mensaje del Papa Juan Pablo II un 25 de diciembre del 2003 que decía: 

En el pesebre contemplamos a Aquel que se despojó de la gloria para hacerse pobre, movido por el amor al hombre. Junto al pesebre, el árbol de Navidad con el centelleo de sus luces, nos recuerda que con el nacimiento de Jesús, florece de nuevo el árbol de la vida en el desierto de la humanidad.  El pesebre y el árbol, símbolos preciosos, que trasmiten a lo largo del tiempo, el verdadero sentido de la Navidad.

Sálvanos de los grandes males que afligen a la humanidad al inicio del tercer milenio. Sálvanos de las guerras y de los conflictos armados que devastan regiones enteras del globo; sálvanos de la plaga de terrorismo y de tantas formas de violencia que torturan a persona débiles e inermes. Sálvanos del desánimo para emprender los caminos de la paz, ciertamente difíciles, pero posibles y por tanto obligados; caminos apremiantes, siempre y doquier, sobre todo en la tierra donde naciste Tu. Príncipe de la Paz.

Y tu María Virgen de la espera y del cumplimiento que conservas el secreto de la Navidad, haznos capaces de reconocer en el niño, que estrechas en tus brazos, el Salvador anunciado. Que trae a todos la esperanza y la paz. Contigo lo adoramos y decimos confiados: Tenemos necesidad de ti, Redentor del hombre, que conoces las expectativas y ansias de nuestro corazón. Ven y permanece con nosotros Señor, que alegría que la Navidad llegue hasta los últimos confines del Universo.

-.Les deseo con todo respeto y mi corazón que esta Navidad sea Alegría para todas nuestras familias. Conservemos esa libertad interior de perseverar en el amor, una libertad que ninguna circunstancia, por trágica que sea lograra  quitarnos.

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