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Sin puntos medios

plumazosPuerto Vallarta, Jal.- Tantos cambios traen resultados, en sus dos versiones, es decir buenos o malos, sin puntos medios.

Para realizar un análisis sobre la vida es necesario formular las preguntas correctas con un balance concreto y dicotómico, del cual se obtengan respuestas que no dejen lugar para dudas ni titubeos.

Por mencionar un ejemplo, cuando una joven recibe una propuesta de matrimonio tiene dos opciones sensatas para determinar el futuro de su vida, todo recae en dos monosílabos: sí y no.

Incluso la cosmogonía católica es explicada desde una perspectiva dicotómica, el bien y el mal representados por una deidad y un demonio, respectivamente.

Por otra parte, los científicos realizan toda clase de investigaciones para lograr comprender y explicar ciertas situaciones, aunque no siempre los resultados les permitan obtener información sufrientemente clara para lograr un cambio en la humanidad.

Suena sencillo pero la realidad encuentra refugio en la complejidad, es casi imposible dialogar sin llegar a una conclusión definitiva, cuando eso sucede las subjetividades salen a flote y se desvanecen las posibilidades para alcanzar un objetivo colectivo o individual.

Toda respuesta –positiva o negativa- arrastra un porqué para definir una postura, reafirmar un concepto o decisión, entonces todo fluye de forma natural con sus contrapesos, retos, oportunidades o rechazos.

Cada día nos enfrentamos a esa situación; abrimos los ojos, revisamos la hora en el reloj y decidimos abandonar la cama para continuar con la misma rutina, me refiero a la toma de decisiones.

En la medida que acumulamos años se incrementan las responsabilidades, dejamos de depender de los padres, nos obligamos a cumplir expectativas, olvidamos banalidades, disfrutamos una libertad mediada y, poco a poco, obtenemos experiencia de los fracasos ajenos o propios.

Sería interesante –tal vez indispensable- tener el hábito de realizar una reflexión al concluir el día, así como se cuenta el dinero que queda en el bolsillo al final de la quincena, con la misma intensidad cuando se termina una relación amorosa, al recibir una notificación de despido o la propuesta de un mejor empleo.

No se necesita un diario debajo de la almohada, solo unos minutos alejados de la tecnología para hacer una introspección delicada de los momentos más importantes, incluidos los mínimos detalles del día.

En la cotidianidad también se esconden las respuestas, no se puede creer que al guardar silencio abandonamos responsabilidades. A esto hace justicia el axioma de Paul Watzlawick “es imposible no comunicarse”, con lo cual se impone la realidad absoluta de que el ser humano adquiere habilidades comunicativas para lograr fines en común.

Comunicar de forma efectiva cumple un objetivo ineludible que exige a cada persona tomar decisiones, no siempre acertadas por diversos intereses individuales que terminan por fragmentar a la sociedad.

Incluso en los libros donde los autores explican el mundo desde una perspectiva utópica, se encuentran recovecos fallidos donde se propone la igualdad, la paz y otros conceptos efímeros para la humanidad.

Es verdad “cada cabeza es un mundo”, por eso la vida se vuelve tan compleja, porque a pesar de las minúsculas diferencias entre cada ser humano las relaciones interpersonales dividen y adolecen de emociones.

Únicamente ciertas situaciones, en particular las funestas, fortalecen y agrupan como en tiempos de guerras, enfermedades, injusticias, maltratos. Esto se deriva de la empatía, la cual estimula al cerebro a través de imágenes o palabras lacerantes, a veces cayendo en el morbo.

Todo tiene un principio y un fin, al final del día, al concluir el año se conservan ideales que no siempre se cumplen por diversas circunstancias. Hoy, formar parte de un inmenso grupo de personas debilita y fortalece a cada individuo que rechaza o acepta la voluntad de otros si abandona su poder de decisión.

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